sábado, 30 de agosto de 2008

JUEGOS OLIMPICOS

Las 18 medallas españolas, una a una

La selección española de baloncesto se colgó una plata con sabor a oro en la última jornada de los Juegos de Pekín. Los chicos de Aíto cayeron en la final ante Estados Unidos pero dieron una lección de coraje, orgullo, raza y calidad. Esta medalla es la decimoctava para España y pone la guinda al sprint final de nuestros deportistas en una jornada en la que la selección de balonmano también subio al podio al lograr el bronce.
Lo cierto es que la aventura española en la capital china no pudo empezar mejor. Primera jornada y primera medalla para España. El ciclista
Samuel Sánchez subió a lo más alto del podio en la prueba de ruta el 9 de agosto.
Apenas dos días después,
José Luis Abajo lograba un histórico bronce en esgrima (espada), el único deporte olímpico de origen español y en el que hasta ahora nunca antes habíamos conseguido una presea en una cita de esta envergadura.
Hubo que esperar casi una semana para volver a ver a uno de los nuestros encima del podio. Exactamente hasta el día 17, cuando
Iker Martínez y Xabi Fernández lograban un oro en vela (clase 49er) que terminó convirtiéndose en plata por decisión de un jurado que permitió a los daneses proclamarse campeones olímpicos a pesar de haber utilizado de forma irregular el barco de los croatas tras romperse el suyo. Desde entonces España ha ido sumando al menos una medalla al día en el casillero.
Punto de inflexión
Sólo un día después llegó una jornada histórica y que supuso el punto de inflexión del deporte español. El 18 de agosto será recordado siempre como el día en que
Llaneras y Nadal se proclamaron campeones olímpicos en sus respectivos deportes, mientras que Virginia Ruano y Anabel Medina se llevaron la plata en dobles, igual que Gervasio Deferr en suelo.
El 19
Leire Olaberria dio al sorpresa al hacerse con el bronce en ciclismo en pista, el 20 Joan Llaneras y Toni Tauler se alzaban con la plata también en ciclismo en pista (madison) y otra pareja, Gemma Mengual y Andrea Fuentes lograban la primera medalla para España en natación sincronizada, la primera de las dos platas que nos ha dado este deporte en los presentes Juegos.
El 21
Fernando Echávarri y Antón Paz cumplieron los pronósticos y se hicieron con el oro.
Y un día después,
David Cal conseguía su primera plata (C1 1000). La segunda la sumaba la jornada siguiente en C1 500, junto con el oro de Saúl Craviotto y Carlos Pérez en piragüismo K-2 500m, la plata del equipo de sincronizada, la plata también de la selección masculina de hockey sobre hierba.
En los últimos dos días nuestros deportistas han consguido seis metales, algo impensable hasta hace muy poco. En total España cierra su participación en la última cita olímpica con cinco oros, diez platas y tres bronces, una cifra que roza la lograda en Atenas hace cuatro años (19), pero lejos de Barcelona'92 (22). La próxima cita es en Londres dentro de cuatro años.

DIARIO MARCA.

domingo, 17 de agosto de 2008

JUEGOS OLIMPICOS

El más grande
Usain Bolt se convierte en el primer hombre que baja de 9,70s en los 100 metrosy gana relajado una final en la que Asafa Powell terminó quinto y a la que no llegí Tyson Gay.
Usain Bolt, el trueno sonriente, llega desde el Caribe: Trelawny, Jamaica. Jesse Owens, el mejor atleta de todos los tiempos, nieto de esclavos emancipados, apenas rozaba el 1,80. Usain Bolt mide 1,95. Un atleta de la altura y clase de Owens solía necesitar entre 43 y 45 zancadas para recorrer los 100 metros. A Bolt le pueden bastar 41 zancadas: el juego se ha terminado y el Futuro de la velocidad está aquí, directo desde las junglas de Trelawny. Carl Lewis, el Hijo del Viento, sumó nueve medallas de oro y marcó entre sospechas a una generación de velocistas, con un físico privilegiado: pero Lewis, el Hijo del Viento, no pasa de 1,90 de altura.
El 24 de septiembre de 1988, en Seúl, Benjamín Sinclair Johnson, otro hijo de Trelawny, hijo maldito, marcó 9.79 en la histórica y tramposa victoria sobre Lewis. Johnson se recreó en el triunfo sobre su rival más odiado y levantó el dedo antes de cruzar la meta como una máscara de ferocidad.
Pero el feroz Johnson tampoco llegaba al 1,80. Hoy, semiolvidado y repudiado, malvive en Toronto, donde entrena a jóvenes velocistas junto a su viejo hechicero, Charlie Francis. Una vez, en la York University, en Toronto, en 2006, Johnson habló a un periodista español sobre Asafa Powell. Habló de pasada antes de soltar a quemarropa: "Dejemos a Asafa y hablemos de Usain Bolt. Yo veo que no tiene límites. Y además, es de mi pueblo, Trelawny".
El Viento, el Trueno, la clase azucarada de Owens y la herencia de fibras rojas que también se conjuga en Ben Johnson, todo eso habita en Bolt, que lo reparte en una bendición de cuerpo de 195 centímetros de altura. Sin ferocidad. Con suavidad caribeña que le hace conectar fibras para ejecutar en 24 horas tres carreras a 9.82 de media: 9.95 en cuartos de final, 9.82 en semifinales, donde se despidió Tyson Gay y 9.69 en una final que sólo merece un adjetivo: asombrosa.Pekín marcará una época en el atletismo.
El hombre más veloz del mundo y puede que el ser humano más coordinado de los que han pisado una pista de atletismo, reaccionó al tiro en 165 milésimas. Sólo Churandy Martina arrancó más tarde. Antes de 20 metros, Bolt había dado caza al grupo. Al paso por los 40 metros, Usain lanzó un cambio de ritmo y de planeta. De repente, los otros siete finalistas olímpicos parecieron clavar los pies en cemento húmedo, mientras el trueno de Trelawny lanzaba relámpagos de charol: ante más de 90.000 espectadores: asombrados en la noche más asombrosa...

Entre 50 y 60 metros, Bolt liquidó la carrera y el sensible Powell se dejó vencer por el agarrotamiento. A falta de 40, Bolt empezó a estallar de felicidad, como cuando juega al fútbol en la hierba de la William Knibb High School, en Kingston: y empezó a gustarse, y a danzar un reggae: en plena final olímpica. Cruzó la meta en paso lateral, y en un récord del mundo brutal, 9.69, pero siguió volando, de regreso del Futuro, y en busca de su entrenador, Glenn Mills. El hijo de Trelawny y del trueno pudo haber hecho 9.50. En 200 acechará los 19.32 de Michael Johnson. Y persigue el oro en 4x100. El juego ha terminado y el Futuro ya está aquí: se llama Usain Bolt.
DIARIO AS

JUEGOS OLIMPICOS

Phelps entra en la leyenda
El estadounidense se cuelga la octava medalla de oro y se consagra como el mejor olímpico de la historia

"Nunca hubiese imaginado que me ocurriese algo así. Pero se me había metido en la cabeza lograr algo inédito en el mundo del deporte, paralelo con mi objetivo de cambiar la natación. Sin la ayuda de mis compañeros de equipo, esto no habría sido posible. Ni siquiera sé cómo me siento ahora." Michael Phelps se ha convertido en el primer nadador en superar las siete medallas de oro que consiguió Mark Spitz en Múnich 72. El fenómeno de Baltimore de 23 años se ha colgado su octavo oro en el Cubo de Agua de Pekín y se consagra como el mejor olímpico de la historia. Phelps y el equipo estadounidense han vencido en la final de 4x100 m estilos. El norteamericano se ha entrado en la leyenda tras una carrera de 3m:29s.34. El tiempo que que han tardado él y sus compatriotas Aaron Peirsol, Brendan Hansen y Jason Lezak en ganar la final y firmar un nuevo récord del mundo. Por detrás han quedado Australia y japon.

En la cita china, Phelps ha dejado muy claro que es el mejor nadador del planeta. Su gran objetivo era batir el récord del mítico Spitz, pero él prefiere evitar comparaciones. Phelps es ahora el más grande, y, cómo él mismo asegura, sólo hay uno. "Quiero ser el primer Michael Phelps, no el segundo Mark Spitz". El nadador de Baltimore ha descrito la competición, disputando series clasificatorias por las tardes y finales por las mañanas, como una montaña rusa. "Fui desde golpearme la cabeza contra la pared para ganar por una centésima de segundo a hacer mi mejor tiempo en cada prueba. Esto ha sido una montaña rusa hacia arriba", relataba entre risas el deportista, que ahora se propone compartir tiempo con su familia y amigos y descansar. "Quiero sentarme y no moverme".


El sueño de Phelps comenzó el pasado 10 de agosto cuando vencía la final de 400m estilos y tras una semana mágica, hoy ha conseguido superar la leyenda de Spitz. El americano, que ha batido siete récord mundiales en China y se ha convertido en el deportista con más oros olímpicos, se mostraba emocionado y más sonriente que nunca en el podio recibiendo un atronador aplauso. Phelps ha estado descomunal desde la primera hasta la última carrera. Después de esta proeza, quedan cuatro años para ver si el estadounidense, que ya tienas catorce oros y dos bronces olímpicos, logra enriquecer su leyenda. "En los próximos cuatro años me gustaría intentar otras pruebas, que no haya intentado todavía, que no haya nadado aquí y veremos que pasa. Bob (Bowman, su entrenador) quiere probar cosas nuevas, nuevos métodos de entrenamiento. Los próximos cuatro años van a ser divertidos".
El Pais

sábado, 9 de agosto de 2008

JUEGOS OLIMPICOS

La primera exhibición de China
La ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos fue una fiesta colosal, tanto por su visualidad como por su movilización humana, sólo empañada por el asfixiante calor en el estadio


China ha logrado durante cuatro horas una tregua política que, bajo la lupa de los principales dirigentes del planeta, le ha permitido desplegar toda su majestuosidad para festejar la apertura de unos Juegos gigantescos, como corresponde a un país tan desmesurado. Ante la mirada del presidente, Hu Jintao, y con George W. Bush, Vladímir Putin y Nicolas Sarkozy a su espalda entre cerca de 90 gobernantes y miembros de las realezas, Pekín ha apostado por una ceremonia de enorme exhibicionismo, grandiosa, con un arranque amenizado por una intrigante orquesta de 2.008 tambores y un inolvidable encendido del pebetero, ejecutado a 70 metros de altura por Li Ning, un ex campeón olímpico de gimnasia de 45 años. Ha sido una fiesta colosal, tanto por su visualidad, incluido un maratón pirotécnico y simultáneo en 1.800 puntos de la capital, como por su mayúscula movilización humana, con 14.000 participantes, 9.000 de ellos militares, algunos de los cuales han tenido ensayos de 48 horas sin descanso. Un total de 100.000 agentes de seguridad han custodiado la ciudad, con el aeropuerto clausurado durante las cuatro horas que ha durado el estreno, medida que ya estaba prevista antes de que hoy por la mañana un avión de Air China que llegaba de Tokio fuera obligado a regresar a la capital japonesa por una amenaza de bomba. También un grupo islamista lanzó inquietantes misivas contra Pekín y sus Juegos a través de Internet.

fotografías

Sólo el Nido, como se conoce al futurista estadio olímpico, ha empañado el espectáculo al resultar una caldera asfixiante. Sus reputados arquitectos, los gabinetes suizos de Herzog y De Meuron, no han reparado en la ventilación y la estrechez de las bocanas de acceso a las localidades impide cualquier corriente de aire. Insoportable. Como imagen elocuente, Rafa Nadal, al que las cámaras de televisión han capatado regado de la cabeza a los pies. La bandera china izada en el estadio flameaba por arte de magia. El único soplo de la noche.
En esta sauna, el cineasta Zhang Yimou, que ha contado con un presupuesto de 100 millones de dólares (unos 66 millones de euros), ha presentado una obra con constantes referencias a la cultura milenaria local y un guiño final al presente, con China de paseo por el Globo. Como coristas del evento, 2.488 voluntarios repartidos estratégicamente por el graderío para dirigir el ánimo de los 91.000 espectadores.
Como era lógico, el mayor voltaje ha llegado con la aparición de la delegación china, que ha cerrado el desfile, más tedioso de la cuenta, de más de 11.000 deportistas de 205 países, con Yao Ming, jugador de la NBA, como abanderado. A su lado, un héroe infantil, un niño de nueve años llamado Lin Hao que salvó a dos compañeros de parvulario durante el terremoto que en mayo causó casi 70.000 muertos y 20.000 desaparecidos en la provincia de Sichuan, al oeste de Pekín. También han sido acogidos con entusiasmo los desfiles de Taiwán, Hong Kong, Corea del Norte, Rusia y Estados Unidos. Y la entrada de David Cal, doble medallista en piragüismo en Atenas 2004, al frente de España, a cuyos deportistas les dio por un anarcopaseíllo tan irreverente y descorchado que hicieron empalidecer a los organizadores, temerosos de no cumplir en hora con el guión. Los Príncipes de Asturias ovacionaron el paso de la comitiva, al igual que Juan Antonio Samaranchi, como se conoce en China al ex presidente del Comité Olímpico Internacional, extraordinariamente popular desde que bajo su mandato se concedieran a Pekín los Juegos en 2001. No hubo proclamas políticas ni disidencias. La única pancarta a la vista la mostrado un miembro de Senegal: "Amistad primero, competición después".
La traca final ha sido el encendido del pebetero, cuya ubicación en lo alto del Nido no ha sido descubierta hasta bien entrada la ceremonia. Li Ning, séxtuple medallista de gimnasia en Los Ángeles 1984, ha volado como trapecista a 70 metros y, tras recorrer el inmenso anillo del techo, ha prendido la antorcha. Soberbio, imaginativo e impactante. Un broche magnífico para el bautizo de unos Juegos que, bajo vigilancia política, hoy darán paso al deporte. Es su hora.